Abanicos que se agitan dando fuerza al impulso que los molinos eólicos necesitan para su trabajo.
Peces nadando a contracorriente, por la roca afilada que les estremece, aún no la ven, pero tampoco quieren correr ese riesgo.
Hago mi sendero saltando de piedra en piedra, para no pisar la lava que las señales indicaban al principio del camino. No pierdo el equilibrio. O eso creo...
La huida se vuelve álgida y los susurros de la nubes me hacen ver que todo está ya en calma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario