viernes, 25 de enero de 2013

El espejo.


¿Alguna vez os habéis sentido como Campanilla, la de Peter Pan?
Sí, hombre, sí: brillante, capaz de volar, con una luz que solo pudiera provenir de un hada. Con fuerzas, ganas, ilusión y sueños.
Con la meta de que Peter solo te mire a ti.
Es bastante bello el levantarte cada día en el País de Nunca Jamás. No solo por el ansia de no crecer, si no por el hecho de que no pasa el tiempo... O a caso, ¿soy la única que ha deseado en un momento determinado que se parara el tiempo? Ya sea entre los brazos de alguien, en un beso, en un mal examen, o por estar en la cama! Sé que no soy la única.
Pero quizá el País de Nunca Jamás, trae consigo lo que su propio nombre indica: volver a sentir algo nunca jamás. O quizá todo lo contrario, no dejar de sentir ese "algo" nunca jamás.
Es fácil llegar: la segunda estrella a la derecha, todo recto hasta el amanecer. Si te atreves a ir, quizás no puedes volver.
Pero si vuelves... acabarás mirándote al espejo, viendo como ese destello de luz que desprendías se marchita, y serás incapaz de volver a alzar el vuelo.
¿Te compensa cerrar los ojos y flotar en el aire pensando en cosas bonitas?
En respuesta, solo diré que cuando el brillo de un hada se apaga, es que ha muerto...

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