Palabras que estallan en la cara, ante una visibilidad necia e incomprensible.
Carencia de lo carente, pero inevitable sospecha de lo inviable que es todo.
Contradicciones que critican a la propia razón, salidas todas de ese músculo tintineante al que le gusta marcar el ritmo.
Y ahora qué?
No hay respuesta. No hay nada seguro. Ni si quiera es seguro que esto sea seguro.
Así que ponte el casco... Porque de un momento a otro, esto va a estallar, lo sabes y lo sé...
No hay más que escuchar los gritos que se producen por la noche en tu cabeza, mientras me rozas en sueños y me sigues besando subconscientemente.
Sigo velando por cada uno de tus suspiros, mientras tanto, procuro hacerme la dormida...
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