miércoles, 6 de marzo de 2013

Nada es eterno

Párpados delirantes que enloquecen al son de la lluvia.
Dentro hace frío, y las horas siguen jugando con mi latir.
Relámpago interior que, aunque ni daña, ni hace ruido, se hace notar con su destello.

Los granos de arena siguen precipitándose y cada vez queda menos para que escampe.

Llueve, pero ya no moja; o será que ya no duele de tener calados hasta los huesos.
Luueve, pero ya no hace frío; aprendí a ponerme el abrigo, aunque brille el sol.
Llueve... No, ya no llueve. Los granos de arena han cesado, y el reloj de aguja también decidió pararse.

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