Dos almas confundidas a contracorriente,
teniendo en común el poco aire que a sus espaldas siempre ha soplado.
Enemistad compartida;
demasiadas piedras en el camino y el cansancio se hizo uniforme y pesado como para recordar cómo se alzaba la cabeza.
Dificultad saciada, que no solventada ante dos desconocidos que se detienen en su camino para quitarse las espinitas de la vida.
Las heridas tardan en cerrar.
Pero poco a poco, el suspiro liviano y la tenue brisa que empieza a notarse, completarán la cicatrización, las piedras se harán llano camino y las dos sombras cabizbajas se harán luceros en el cielo.
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